Eterno Creón, mitos, tragedias y guerras civiles
- 5 may 2015
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Mucho se ha contado ya sobre la tragedia griega, muchas veces se ha escenificado ya sobre la vida de Antígona, Medea, Creonte, y unas familias que lo tuvieron todo para luego perderlo. Eterno Creón es la versión de Manuel De de La Tebaida de Jean Racine y de la primera de las grandes guerras en Grecia. Una dirección original, con grandeza y plagada de imágenes potentes. La disputa entre los hermanos Etéocles y Polinice se convierte en una auténtica guerra civil en Tebas que destruirá a la población si no hacen nada para pararlo.
Manuel De ha intentado hacer con Eterno Creón una reflexión clara, las guerras civiles no se han acabado, siguen vigentes y sólo tienen una consecuencia, la destrucción del pueblo frente al enfrentamiento entre dirigentes. Al final, los que pagan siempre son los mismos. Las guerras civiles también se proyectan en el bipartidismo político, en un partido de fútbol,… Para ello ha utilizado imágenes claras aunque el público tuviese que descifrarlas debido a un problema en las proyecciones. A ratos el video no se veía con nitidez, otras el montaje era confuso, la pantalla era demasiado pequeña para un teatro tan grande y algunos textos se perdían en la imagen,... Este tipo de detalles tecnológicos hay que tenerlos muy controlados si queremos añadirlos a nuestro montaje.
“El teatro es un juego que el autor propone a sus espectadores”, esa es la segunda premisa que Manuel De quiere hacernos llegar. Como juego, nos propone una partida de ping-pong, o una disputa futbolística entre dos grandes rivales, Real Madrid y F.C. Barcelona. Dos puntos clave que quedan claros en el montaje de Eterno Creón. Sin embargo, la manera de contarlo puede resultar algo tediosa. La lentitud que proyecta toda la obra se debe a un peso excesivo en la palabra. Las palabras ya tienen peso de por sí, a veces es mejor no remarcarlas porque la balanza se puede romper. Y aquí se rompe. El montaje de Eterno Creón es interesante, en torno a un círculo central pintado, las escenas principales se interrumpen para aportarnos algún dato histórico o para actualizarnos todo el proceso bélico.
Sin embargo, hay un par de escenas que tienen un objetivo visual más que de contenido, y mucho menos de continuidad. Yocasta se embadurna con barro mostrando su dolor. “No quiero ver como mis hijos se matan entre ellos”, repite. Acto seguido, se limpia con una toalla y sigue la acción. No necesitamos ver cómo Carmen Mayordomo –actriz con fuerza- se limpia porque nos borra de un plumazo la intención de esa escena. Hubiese preferido quedarme con ese dolor y pasar a otra escena en la que ella no estuviese inmersa. Peor es el momento protagonizado por Creón, donde tienen al público en silencio durante minutos viendo como Jesús Calvo se pega papel de oro a la cara simulando una máscara, para luego no hacer nada, quitárselo de otro plumazo. No me des algo simbólico, potente, para luego quitármelo sin un segundo para saborearlo. A pesar de eso, hay escenas ágiles y no por ello con menos fuerza –como el encuentro entre los hermanos con el texto de El Público de Lorca- que despiertan al espectador y que hacen que Eterno Creón avance hasta su desenlace final. “Reinar es dominar a quién gobierna”, concluye.

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