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Ni castas ni puras, hasta la sepultura

  • subidoaunescenario
  • 6 feb 2016
  • 2 Min. de lectura


Reunir micromusicales en un espectáculo conjunto siempre suele sonar a pegote. Es complejo que el total de la función no quede como una sucesión de historias inconexas con un hilo conductor forzado. Ni castas ni puras 2.0 es un ejemplo perfecto de esto que explico. El grupo Tinoní Creaciones ha visto como Microteatro por dinero le daba el espacio necesario para mostrar sus musicales con buen acierto. Y ahora han decidido pasar al largo renovando estas historias. El resultado es un cabaret con dos maestras de ceremonias dragqueen y dos pupilas lesbianas en el que las historias y anécdotas se suceden en forma de canción.


Castigo y Purificación son dueñas de un local de espectáculos donde entretienen al personal con sus gracias y bailes. Un local que está a punto de cerrar por falta de fondos. El banco las quiere echar. A su lado, La Rusa y La Nati aguantan con paciencia los aires de grandeza de las dos mujeres de peluca y lentejuelas. Y Bobby, su fiel pianista, estará con ellas hasta la sepultura por ¿amor?


Ni castas ni puras es un musical interactivo donde los espectadores podrán elegir que microhistorias quieren escuchar sobre el escenario. En la noche que yo viví pudimos ver Por culpa del amor, Contracciones y Pronto llegará. Tres historias diferentes que aportan diversión, amor, locura y sensibilidad. Pronto llegará se convierte en el momento más íntimo del espectáculo, un contraste que se agradece. Con buen ritmo y canciones pegadizas con letras cotidianas compuestas por Jorge Toledo, este montaje divierte al espectador y consigue despertar buena energía. Sin embargo, todo el espectáculo tiene un estilo de musical a medio gas. La música suena muy flojita, casi de base de karaoke y las voces a veces se quedan demasiado vacías, una pena pues los intérpretes gozan de un buen dominio vocal pero no terminan de lucirse.


Un montaje sencillo, con una escenografía que no termina de tener cuerpo, a veces tiende al cutrerío y eso no solamente se puede justificar con que el cabaret esté a horas bajas. El reparto se divierte y es genial ver cómo improvisan y son capaces de salir a flote con buen humor ante micros que no suenan o pelucas mal puestas. Las drags locas son personajes ya muy vistos pero siguen divirtiendo al personal aunque las historietas o recuerdos que transforman en canciones estén demasiado metidas con calzador. No podría ser de otra manera, minutos antes de la función no saben cuál de las seis historias cantarán. Julián Salguero y Miguel Ángel Jiménez se ponen peluca y tacón para sobrellevar mejor el desahucio y Verónica Polo y Laura Castrillón aguantan el chaparrón con paciencia. Interpretaciones cómicas y sencillas pero en un único plano, los personajes no tienen trasfondo.


Un reparto compenetrado, un espectáculo lleno de humor y complicidad pero un montaje que no termina de ser redondo por culpa de un tratamiento que sigue siendo resolutivo y que no sobrepasa la barrera del microteatro por mucho que el espectáculo dure más de una hora. Una hora muy divertida, eso sí. ¡Qué mejor pretensión que la de divertir al personal! Conseguida.


 
 
 
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El que escribe... 
 

Ha sido redactor en la sección de Cultura en El Correo de Andalucía y en el Diario de Sevilla, Jesús Redondo es un apasionado de la cultura en general y del teatro en particular. Además, ha colaborado como crítico en la agenda cultural sevillana Youthing y ahora escribe en la revista SPlus Magazine.

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