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Sufrida Calo, ¡canta y cambia!

  • 10 oct 2016
  • 2 Min. de lectura


¿Qué pensaremos al llegar al más allá? ¿Cuál de todas las cosas que se nos han dicho será verdad? ¿Qué nos encontraremos? Con humor y ritmo, Elena Lombao juega con su personaje, juega con el espectador, se deja poseer por Sufrida Calo o es Lombao la que posee a Calo…, no lo sé. El personaje se funde con la actriz y nos encontramos vida sobre el escenario. Acompañada en la dramaturgia y en la dirección por Borja Echevarría, la coja que canta rancheras se merecía su propio espectáculo. Todos lo aplaudimos.


Sufrida llega al más allá, habla, sin saber porque, mirando al cielo, aunque no sabe si el interlocutor es el mismísimo Dios o una vaca. Teme la muerte tanto como temía la vida. Pero tiene la oportunidad de cambiar su existencia, o quizá tan sólo pueda recordarla… A ritmo de rancheras, conoceremos la cara oculta del estrellato -genial Filomena de Torbeo-, de una estrella anodina y del poder del destino.


A pesar de que hay fragmentos que funcionan más que otros, Sufrida Calo nos engancha gracias al juego constante que hace con el espectador. La línea argumental gira en torno a esos personajes raros, alejados de la sociedad que un día dejan de ser invisibles y se acercan a nuestros corazones, nos conquistan pero con un poso perenne de extrañeza. Sí, has llegado a sentarte a nuestro lado, pero no te creas igual que nosotros, siempre seguirás siendo raro. O rara. Eso es lo que le pesa a Sufrida Calo. Nos acompaña por el mundo de su pensamiento, se abre en canal y nos emocionamos con ella. Los momentos dramáticos surgen sin que apenas nos demos cuenta, nos lo encontramos de sopetón, como un puñetazo de realidad en medio de la comedia que Elena Lombao irradia. Una ventana a su vida.


Sufrida Calo no sería nada sin la energía de Elena Lombao. Obvio. Su humor y ritmo son únicos y se apodera de nuestra atención cuando improvisa, cuando algo falla y Lombao resuelve. La actriz ha conseguido crear un personaje al que amamos y, aunque la comedia a veces puede resultar unos gramos excesiva y buscada demasiado adrede, el tono que nos presenta divierte al patio de butacas. Sufrida Calo lo tiene todo para enamorarnos. Un trabajo exquisito sin respiración acompañado por la guitarra y la voz de la ranchera de toda la vida. ¿Una gallega adicta a las rancheras? Sí, porque no. No se permitan no conocer a Sufrida Calo.


 
 
 

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El que escribe... 
 

Ha sido redactor en la sección de Cultura en El Correo de Andalucía y en el Diario de Sevilla, Jesús Redondo es un apasionado de la cultura en general y del teatro en particular. Además, ha colaborado como crítico en la agenda cultural sevillana Youthing y ahora escribe en la revista SPlus Magazine.

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