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¿Quién te cierra los ojos?, tu historia



Hay historias que merecen ser contadas. Hay historias que, para contarlas, necesitas ser valiente. Jose Polo tenía una historia, arriesgada y poco comercial, que no quería que se quedase en su cabeza. Quería contar su historia; la historia, posiblemente, de muchos que nunca sabremos que también es nuestra. Con ¿Quién te cierra los ojos? nos acercamos un poco más a ella. Polo ha sabido rodearse de buenos profesionales. Alberto Velasco a la dirección, Félix Estaire a la dramaturgia y Ana Cañas compartiendo escenario. Que nadie nos cierre los ojos.


Josico escucha sin demasiadas ganas la historia de su abuela. Pero esa historia marcará su vida. Su pasado, su presente y su futuro. Es la historia de sus abuelos que, a su vez, está marcada por la historia de los abuelos de estos. Porque la historia, aunque en muchas ocasiones se pierda, se transfiere de generación en generación. La historia de la sangre. Una historia cargada de dolor, de pérdidas, de tradición y de amor. Una llave las une a todas, la que abre la puerta de tu casa. Allá donde esté. La llave de Sefarad.


En Nave 73 asistimos a un montaje bello escénicamente. Un campo de girasoles inunda el escenario y en torno a él gira toda la acción, como si esos girasoles girasen alrededor de la historia de nuestros protagonistas. En escena, se suceden diferentes épocas y personajes. El vestuario es el que ayuda a diferenciarlos. A Velasco le importa más la historia y lo que sienten los personajes que una composición física basada en la interpretación que los definiese y distinguiese. Incidir un poco en ese aspecto hubiese sido positivo, se agradece mayor esfuerzo interpretativo para diferenciar un personaje de otro, pero el montaje no se resiente por este hecho.


La dirección se encarga de armonizar un texto complicado donde en cada escena juegan diferentes personajes y épocas. Las transiciones están muy cuidadas, con una acertada selección musical, y no inciden en un ritmo que, aunque pausado, va a juego con la belleza escénica que se nos plantea. Un montaje tierno y suave donde no hay precipitación.


Tanto Polo como Cañas necesitan hacer la historia real. Es cierto que nos dramatizan una historia contada pero en escena el espectador pide ver las cosas tal y como sucedieron, sin la lejanía del tiempo. Una leve falta de intensidad, más agudizada en la linealidad interpretativa de Polo, que necesita centrar sus esfuerzos en la interpretación. Algo que sé de sobra que conseguirá pues tiene los sentimientos encontrados y la emoción a flor de piel pero no consigue sobrepasar la barrera de las primeras butacas. Cañas se encuentra irregular en este aspecto, aunque consigue trazar muy buenos cuadros y su mirada brilla sobre las demás cosas. Los dos tienen muy claro los sentimientos y emociones a mostrar pero, en algunas ocasiones, se quedan cortos de implicación.


¿Quién te cierra los ojos? presenta un buen punto de partida para seguir investigando escénicamente y emocionalmente y hacer la obra más grande. La esencia emociona, por lo que a lo largo de las funciones lograrán encontrar el punto justo para que cada acontecimiento que les sucede a los personajes, emocione al espectador con la verdad de sus intérpretes. Memoria, historia e igualdad. “Los de las cunetas también son hermanos”, dicen. Que no se nos olvide.


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